martes, 10 de abril de 2012

ADOPCIÓN


Ante el avance paulatino e incesante del aborto en nuestro país escucho a muchas personas e instituciones - ya sea científicas, políticas, religiosas, etc. - que se rasgan las vestiduras (con razón) haciendo todo tipo de declaraciones a favor de la vida, pero no he escuchado a nadie proponer una solución.
Me refiero a la solución simple y elemental: la adopción.
Si cada vez que una mujer pide un aborto, surgiese un matrimonio que se ofreciese a contenerla, acompañarla y sostenerla (incluso económicamente) y adoptar al niño no deseado por la madre ¡cuántas vidas de niños inocentes se podrían salvar!
Creo que todos estamos muy cómodos y nos falta ir a los hechos concretos. ¡Qué bueno sería que un grupo de ciudadanos especializados (abogados, médicos, padres de familia, etc.) presentaran un proyecto de ley a nuestro Poder Legislativo para poner en práctica una forma ágil y rápida de adopción para estos niños no deseados (y tantos otros abandonados que pasan meses y hasta años en manos de jueces e instituciones de asistencia)!
Me parece que ya pasó la hora de hacer declaraciones. Es el momento de actuar. De acciones concretas, urgentes y eficientes.

domingo, 9 de octubre de 2011

Hola Alis. De ha poco he ido leyendo lo que tenés publicado en el blog (lento, porque no me gusta leer en la compu) y quería decirte que todo me ha gustado, lo que contás de tus viejos es lo que más me ha emocionado y me he llenado de recuerdos.
Recuerdo cuando tu mamá cantaba, recuerdo la quinta con los papelitos y las plumas para espantar los pajaritos, etc., etc., pero sobre todo la cantidad de cosas ricas con que nos invitaba tu mamá!!!
Norma Ardusso

viernes, 7 de octubre de 2011

Vi tu artículo, el que te publicaron en La Tierra. Muy lindo. Emotivo. ¡Te felicito!
Mis viejos también lo leyeron. Impresionante la foto esa. El parecido entre Aidmar y mi viejo.
Y vos tenés la misma cara!!!
Valeria Principe

miércoles, 5 de octubre de 2011

Hola Alis
Entré a tu blog y me leí todo ¡¡¡muy bueno!!! Me mataron tus recuerdos, tus vivencias, la perra y la carita de tu hermanooooooo ! jajajaja
Nilda Galeano.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Alis ¡Cuánto me emocionó el relato de la vida de tus padres, del campo! ¡Qué gente! Esos sí que eran serios en sus vidas e hicieron en serio al país. Todo eso yo también lo vi y lo viví. ¡Qué hermoso! Se me escaparon unos lagrimones. Felicitaciones.
Talija.

viernes, 9 de septiembre de 2011

8 AÑOS SON SUFICIENTES


Nuestro país (como casi toda América Latina) recién está dando sus primeros pasos en la vida democrática, ya que, pese a sus 200 años, sus inicios se caracterizaron por una democracia con grandes falencias: caudillismos, corrupción en las elecciones, discriminación de la mujer y las frecuentes interrupciones por los gobiernos de facto. En suma, no llegamos aún a 30 años de ejercicio de la democracia real.
Y quizás por esta inexperiencia es que cometemos errores.
Considero que una persona que asume el poder, sea legislativo o ejecutivo, lo hace porque tiene proyectos que quiere realizar. Ya sea un concejal, un diputado o senador (provinciales y nacionales), se supone que se postula para ese cargo porque pretende lograr la sanción de alguna ley, en algún tema concreto. Si después de 8 años de ocupar una banca, no lo ha obtenido, es evidente que su objetivo no fue alcanzado y debe retirarse. Y si logró lo que se proponía, es hora de dejarle el espacio a otra persona que, seguramente, tendrá también sus proyectos que presentar.
Más contundente aún, es el caso del poder ejecutivo: si un intendente, gobernador o presidente, que basó su campaña electoral en una serie de promesas para los ciudadanos, después de 8 años no logró cumplirlas, debe reconocer que su gestión fracasó y retirarse. Y si, en cambio, logró lo prometido, también debe retirarse y dejarle la posibilidad a las nuevas generaciones, que traerán nuevas propuestas y soluciones.
8 años son muchos, en la vida de un ciudadano, para que sus representantes le cumplan lo que le prometieron. PRETENDER CONTINUAR MÁS AÑOS EN EL MISMO PUESTO ES SEÑAL DE QUERER ENQUISTARSE EN EL PODER, SUBESTIMAR A LOS DEMÁS, SER HEGEMÓNICOS Y SATURAR AL CIUDADANO CON SU IMAGEN.
Además, creo que ya es hora de archivar las boletas "sábanas" e implementar la boleta única, que demostró en Santa Fe, ser excelente y evitó todo tipo de corrupción en las elecciones.

jueves, 8 de septiembre de 2011

ELDA ARDUSSO de PRINCIPE


El primer recuerdo que tengo de mi madre (de tantas veces que me lo contaron) es que estaba a caballo, sacando agua del pozo cuando comenzó con el trabajo de parto. Desmontó, envió a José, "el mensual", que vaya a buscar a mi padre que estaba trabajando en el campo y fue a prepararse para trasladarse al pueblo, a parir a su primera hija: yo.
Los recuerdos que siguen son nebulosos: veo una joven cubriéndose con pantalones, grandes camisas mangas largas y sombrero para salir a hacer "los trabajos": acarrear agua, recoger los huevos, trabajar la quinta... Mucho después me enteré que todo ese ritual de cubrirse para salir al sol tenía un motivo muy importante: cuando las chicas del campo iban al pueblo, tenían que estar tan blanquitas como las pueblerinas, porque si estaban tostadas por el sol, las trataban despectivamente de "gringuitas del campo".
Mis recuerdos se hacen más sólidos a partir de los cuatro años, cuando nos mudamos de la chacra de los abuelos a la propia. Acababa de nacer mi hermano Raúl y las imágenes que tengo de mi madre de aquella época es que cantaba todo el día mientras realizaba sus múltiples actividades. Comenzaba muy temprano el día, ordeñando la vaca de donde se proveía de la leche para nuestros desayunos y meriendas, postres y dulces (los dulces de todo tipo y frutas abrillantadas eran una de sus especialidades; también las tortas y pan dulce).
Además de ocuparse de nosotros, confeccionaba la ropa para todos, bordaba a mano y a máquina sábanas, manteles, servilletas, toallas y tejía a dos agujas nuestros abrigos y al crochet infinidad de carpetas y carpetitas (que hoy luzco por todas partes en mi casa).
Añadir imagenCriaba cientos de gallinas y con la venta de pollos y huevos nos proveía de todo lo necesario para el sustento del hogar, se ocupaba de cuidar los cítricos (que las constantes inundaciones fueron secando) y de controlar los animales cuando mi padre estaba muy ocupado trabajando la tierra.
También cultivaba la quinta: cada almácigo con sus contornos delimitados con hilos y plumas, que con el movimiento que les imprimía el viento funcionaban como espantapájaros. Todo lo que era necesario en nuestra cocina estaba ahí; ¡era tan fácil ir a recoger los tomates, cortar la lechuga o arrancar las rabanitos para preparar la ensalada!, ¡pero cuántas horas de trabajo y esfuerzo le demandaban!
En tiempo de cosecha (era la época de las primeras cosechadoras, cuando se embolsaba el cereal) preparaba y servía las cuatro comidas diarias para veinte personas en tres turnos, porque el trabajo de la máquina no se detenía mientras había buen tiempo.
Y, además, se hacía tiempo para leer cuanto cayera en sus manos y también escribir, sobre todo poesías.
A todo esto había perdido dos bebés y mi madre ya no cantaba. pero siguió intentándolo, y nació Omar, el benjamín de la familia. Para ese entonces había sido necesario que nos mudemos al pueblo para que podamos asistir a la escuela y tuvo que modificar sus actividades: horas y horas sobre la máquina de coser semi industrial construyendo prendas para diversas personas, confeccionando "souvenier" para festejos varios y limitarse a una pequeña quinta en el patio, algunas flores y la cría de pocas gallinas en una jaula.
Cuando los hijos partimos hacia otras localidades para continuar nuestros estudios, se volcó totalmente al trabajo social, ayudando a los más necesitados y desprotegidos pero hasta el final de su vida la acompañó la añoranza por la vida en el campo.