Mostrando entradas con la etiqueta Retratos 1984. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Retratos 1984. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de agosto de 2011

TINTORERO


Está siempre serio. pero es amable y servicial.
Utiliza las palabras justas, casi diría que se conforma con monosílabos.
A todos nos conoce. Su memoria es prodigiosa. No es necesario presentarle la numeración de la prenda que vamos a retirar, él sabe exactamente en la percha en que está colgada.
Viste siempre ropas sueltas y livianas. ¡También! Su local es hermoso en invierno ¡Se está tan bien ahí con el calorcito de las máquinas de limpieza y planchado! ¡Pero en verano! solamente con su serenidad oriental puede trabajar en esa caldera con la misma eficacia y sin quejarse.
Físicamente es menudo, bajo, casi diría frágil. Pero Dios ha compensado eso brindándole una inmensa sabiduría que él pone al servicio de los demás.
Y por eso, no hay quien lo conozca, que no comience a estimarlo inmediatamente.
Además, y confidencialmente, ¿qué sería de nuestras mamás sin su colaboración para quitar las manchas que nosotros, diablillos terribles, nos empeñamos afanosamente en colocar en nuestras prendas?

lunes, 22 de agosto de 2011

OSCAR, EL MECÁNICO


Acompañé a papá al taller. Me quedé maravillado con Oscar, el mecánico. Es bajo de estatura, pero fuerte, de grandes músculos, que parecen apretados dentro del mameluco azul. Bueno, azul era cuando se lo puso, porque ahora es un gran muestrario de grasa, aceite y lubricantes.
Tiene nariz corta y ancha y lleva el cabello castaño hacia atrás muy corto.
Con sus grandes manos arma y desarma motores, descubre defectos, arregla circuitos y siempre habla. Habla sin parar. Todo es tema de conversación para él: sus tres niños pequeñitos, su esposa, los vecinos, sus clientes y los motores... Esa es su debilidad: hablar de motores.
Cuando lo hace, su cara redonda y franca, se transforma: parece más agradable; gesticula con grandes gestos, esgrimiendo la herramienta que tiene en la mano. Y se ríe. ¡Cómo se ríe! Termina todas sus frases con grandes carcajadas que le llenan la cara de hoyuelos y muestra su blanca dentadura de dientes anchos.
Su gran sueño es llegar un día a trabajar en una escudería, porque las carreras de automóviles le apasionan. Cuando le contaba esto a papá, noté que sus cálidos ojos se encendían de entusiasmo y era tan contagioso su optimismo, que por un momento creí que estábamos en un circuito de Fórmula 1.