jueves, 20 de febrero de 2014

CALDERA DE ESTRELLAS

Sencilla la torcaza,
soberbia en su vuelo,
alada su figura,
con temblor de plumas
posóse sobre
el vetusto puente
en el silencio de la tarde
cuando una
caldera de estrellas
encendía el tibio
cielo rosado
sobre la siembra tardía.
Era su tiempo de gracia,
totalidad de la alegría,
disfrute delicioso,
deleite pleno
sensación infinita
en la espiral del tiempo
antes de emprender
el regreso
al nido-huella-vida.

POEMA - 23-10-13
Técnica: aliteración (repetición sistemática de un sonido).
Acompaña óleo de mi autoría, pintado a inspiración del poema.

DEDITOS DE NÁCAR

Deditos de nácar
con dedales dorados
te abanicas de nada
te sofocas por poco.
 
Deditos de nácar
acompasas los dardos
de cada ráfaga
de aire cálido.

Deditos de nácar
acude en mi ayuda
con débiles suspiros
de tu aliento de menta.

Deditos de nácar
con dedales dorados
dame tu sonrisa
mi corazón te doy.

POEMA -  23-10-13
Técnica: aliteración (repetición sistemática de un sonido)

¡ LA P ... !

Políticos. Populismo.
Corrupción. Improvisación.
Pancartas. Panqueques.
Parafernalia de entrevistas.
Pocas ideas, muchas promesas.
Paseos callejeros,
caravanas, empanadas,
choripanes,
besos pegajosos,
fotografías y pasamanos.
Papelitos de colores
explotando sobre desprevenido
público, compulsivamente
manipulado
y aplaudidores profesionales
coptando los medios.
Argentina en campaña.

POEMA - 23-10-13
técnica : aliteración  (repetición sistemática de un somido)

CONTRASTES

   Se bajó del colectivo y cruzó la ancha calle con las manos en los bolsillos y pasos ligeros hasta la mitad de la cuadra. Estaba a punto de tocar el timbre cuando el portero, uniformado de estricto azul, lo vio y le abrió la puerta. Agradeció y se dirigió al ascensor, subió hasta el octavo piso y llamó en la puerta de servicio. Tras largos minutos por el portero visor la señora preguntó _ ¿Quién es?
   _ Soy yo, Juan, doña ...
   _ Ya te dije que no me digas doña. Señora. ¡Señora! Pasá.
   Empujó la puerta y cruzó el depósito, el lavadero, la cocina y llegó al cuarto posterior. Los cuatro perros que dormitaban sobre gruesas alfombras y blondos almohadones se despabilaron inmediatamente y saltaron a su encuentro, apoyándoles las patas en las piernas, pecho y espalda. Los fue acariciando de a uno, mientras les hablaba y enganchaba las correas a sus collares.
   Con las correas férreamente asidas en la mano izquierda, para conseguir frenar el ímpetu de los canes, hizo el recorrido a la inversa y salió a la calle. El sol había vuelto tibio el aire, los árboles comenzaban a mostrar sus brotes nuevos de verde brillante y el césped entre la vereda y la calle estaba mullido y parejo.
   Mientras caminaba, se detenía, según el ritmo y la decisión de los perros, e iba recogiendo los excrementos que depositaban, se volvió a asombrar de lo limpia que era esa calle. Las casas y edificios pintados, ordenados y los pocos peatones que circulaban a esa hora (la mayoría de los que transitaban lo hacían en automóviles).
   Fue una verdadera suerte que el Padre Pedro lo hubiera recomendado para este trabajo; desde que había comenzado él podía aportar algo para que sus hermanitos pudieran comer todas las noches. Le gustaría ahorrar un poquito para comprarse unas zapatillas porque éstas no van a soportar mucho tiempo. Quizás si la patrona lo recomendara a alguna vecina o amiga podría conseguir otros perros para pasear y entonces podría renovar su ropa, ya que hasta ahora se había puesto el mismo jean y el mismo buzo todos los días.
   A la hora regresó los perros a su habitación, los cepilló, les sirvió el agua y la comida (cada uno tenía sus propios recipientes), pasó la aspiradora por la alfombra y se despidió de sus amigos con caricias y la promesa de volver mañana.
   En la cocina le pidió a la mucama que le avise a la patrona que ya había terminado. Varios minutos después apareció la señora y le extendió el dinero con dos dedos, le hizo varias preguntas sobre sus mascotas y le indicó que los sábados tendría que bañarlos.  
   _  ¿Algún problema?
   _  No, doña, por mi está bien.
   _  Ya te dije que no me digas doña. Señora.
    _  Si, señora.
   Se guardó los billetes en los bolsillos del buzo y volvió a la calle. Decidió no tomar el colectivo y caminar hasta la estación. Le iba a llevar más tiempo, pero se ahorraba el boleto. Apuró el paso y a ritmo firme llegó a la estación del tren que a esa hora ya estaba atiborrada de pasajeros. Se coló como pudo en un vagón; por supuesto imposible conseguir un asiento. Se apoyó en un caño y sintió el esfuerzo de la caminata. Estaba realmente cansado. Y además tenía hambre.
   Al final llegó a su estación y logró salir rápido del tren. Hacía frío. Se cubrió la cabeza con la capucha del buzo. Se dirigió a la villa, sorteando bultos indefinidos en la oscuridad, montículos de basura y saltando las canaletas de aguas putrefactas mientras se internaba en el laberinto de casillas.
    Sintió el caño en la nuca antes de la orden de que le entregara todo. Como un rayo le cruzó la imagen de las caritas de sus hermanitos, otra noche tomando sólo mate cocido y el ¡no! le surgió desde el pecho al tiempo que giraba con el brazo extendido y el puño cerrado. Sintió un calor en el pecho. Luego la oscuridad.

CUENTO - 7-10-13
 

miércoles, 19 de febrero de 2014

MÓVIL VIVO

   Alfredo estaba hablando por teléfono en su oficina cuando entró su hijo Benjamín, le señaló el sillón y terminó la conversación. Entonces, con el móvil aún en la mano, se acercó a saludarlo.
   _ ¡Hola pá! ¿Todo bien?
   _ Si, hijo ¿y vos?
   _ Pasé a saludarte ...
   _ En una hora salgo, si me esperás tomamos algo abajo y luego de regreso a casa te dejo en tu departamento.
   -Ok. ¿A ver, viejo? ¿ Cuánto hace que tenés este celular? ¡Estás totalmente desactualizado, tenés que renovarte! Sos un empresario. ¡No podés andar con esa antigüedad! 
   Fue inútil que Alfredo le explicara que él sólo lo usa para hablar y, a veces, enviar algunos mensajitos. La contundencia de los argumentos de Benjamín lograron que le diera el dinero para que baje a la calle y en cuarenta minutos regrese con un nuevo teléfono móvil de pantalla táctil con tecnología de última generación.
   Esa noche Alfredo pasó horas leyendo el instructivo para poder colocarle el chip, cargarlo e intentar, inútilmente, recuperar sus contactos.
   El manual de instrucciones le indicaba los pasos a seguir, pero el celular tenía vida propia: una voz absolutamente impersonal de daba órdenes categóricas de lo que debía hacer, y si Alfredo se equivocaba, o intentaba otra cosa, la voz lo  amonestaba instándolo a volver atrás y recomenzar toda la operación.
   ¿Por qué se dejó convencer por el muchacho? Si él se las arreglaba perfectamente con su viejo Nokia. Si. Era verdad. Él no se llevaba bien con la tecnología.
   Finalmente, agotado, desistió de la tarea, lo abandonó sobre la mesa de noche y se durmió pesadamente. No sabe cuánto tiempo alcanzó a dormir cuando la voz impersonal lo despertó repitiéndole las órdenes que no había cumplido. Intentó apagarlo. Imposible. El móvil había tomado vida y enviaba mensajes, contestaba a los que le contestaban, llamaba a conocidos o extraños y les gritaba órdenes, intercaladas con música frénetica, palabras en idioma desconocido y se movía al ritmo de la música que emitía.
   Alfredo apretaba sin éxito el botón "apagar", pero en la pantalla le aparecía el cartel "espere por favor". En su desesperación movía la pantalla táctil y buscaba la configuración cuando le empezaron a aparecer escenas de catástrofes naturales: inundaciones, incendios, terremotos, tsunamis, sin solución de continuidad.
   Intentó correr la pantalla con sus torpes dedos y se le abrió la página de internet con los títulos de los diarios que comenzaban a salir a a la calle ya. ¡No quería leer, no quería saber nada, sólo que el maldito aparato se apague!
   En un momento vio titilar un punto rojo, lo apretó, esperanzado de dar fin a la pesadilla y se encontró en video conferencia con hombres y mujeres que discutían acaloradamente sobre el calentamiento global hasta que por un mecanismo que no supo discernir, todos hicieron silencio, se volvieron hacia él y comenzaron a gritarle "¡espía!", "¡un espía!".
   Bañado en sudor, con el celular fuertemente aferrado en su mano derecha se dirigió al balcón y pese al vértigo que siempre le daba asomarse desde el piso venticinco, abrió la puerta con la mano libre y revoleó el móvil con todas las fuerzas que pudo reunir.
   Lo vio caer pesadamente mientras los gritos de "¡auxilio!"  "¡socorro!" "¡asesino!" le perforaban los oídos.

CUENTO - 5-09-13

martes, 18 de febrero de 2014

CONDE :: CUENTO - 27-08-13
Técnica: crónica.

CONDE

   ENERO: Yo me pregunto qué pasará por la cabeza de este humano que me adoptó. El día que me fue a buscar, me sacó de la caja donde estaba durmientdo al calor de mi madre, me abrazó, me llenó de besos, me dio vuelta las orejas, me acarició a contrapelo, despeinándome y finalmente me instaló sobre una manta peluda en un habitáculo al lado de él, hizo unos ruidos espantosos y empezamos a movilizarnos a una velocidad que me produjo vértigo.
   Por suerte cuando creí que ya no soportaría más esa situación, el movimiento cesó juntamente con el ruido.
 De nuevo me cargó en sus brazos y con sonidos guturales me entregó a la humana que lo acompaña. Ella también repitió todo el rito de grititos, abrazos, besos, caricias, pero al menos ella es suave, delicada y huele muy bien.
   Esos primeros días fueron muy pacientes conmigo, tratando de inculcarme dónde tenía que comer, dónde "descomer" y dónde dormir.
   La primera noche extrañaba a mi mamá, así que no soporté y me puse a llorar. Ella se levantó , me acariciaba y hablaba dulcemente hasta que me dormía, pero luego me despertaba y se había ido, así que volvía a llorar y ella regresaba. Fue una larga noche.
  Pero a la noche siguiente, cuando empecé a llorar, no apareció. Al fin me vencieron el sueño y el cansancio y me dormí.
   FEBRERO ( primera quincena): Mi amo me llevó de otro humano que me palpó por todas partes, me midió de aquí y de allá, me puso sobre un aparato que tenía un señalador que según sus expresiones era muy preciso y finalmente me pinchó en una pata (yo me lo aguanté estoicamente) y derramó gotitas sobre mi cuello (estoy seguro que no era agua porque olía muy fuerte).
   FEBRERO (segunda quincena): Mi amo tiene actitudes que no comprendo. Me tomó en brazos, me despeinó, como hace siempre, y cuando menos lo esperaba, me sumergió en una pileta con agua!!! Estaba tibia, es verdad, pero no me gustó nada, así que intenté por todos los medios escaparme, pero él es muy hábil y supo cómo mantenerme quieto. Además ella le ayudó. Me refregaron todo el cuerpo y empezó a aparecer una espuma blandita que creí que me iba a desteñir mis pelos oscuros. Pero no, con mucha agua, volví a ser yo.
   Me envolvieron en una toalla inmensa y me abrieron la boca y pasaron por mis dientes un cepillo (por suerte era suave) con una pasta que tenía un gusto extraño, así que no me la comí. Pero después me quedó la boca fresca y aromatizada.
   MARZO: Vivir aquí está bueno: a la mañana me abren la puerta y tengo un largo patio que recorro de un otro extremo a otro; puedo jugar, correr, dormir debajo de una hojas enormes, escarbar en la tierra. Eso sí, lo hago en los rincones, para que mis amos no se den cuenta, porque ya me enterè que  no les gusta. Tampoco mastico las hojas, porque sino aparece ella y me refriega el hocico contra los restos vegetales, pero no es por eso, sino porque ella cambia totalmente el tono de voz en esos momentos.
   ABRIL:  Estoy creciendo mucho. Me doy cuenta porque al principio no podía subirme a los sillones, eran muy altos, pero ahora, si tomo impulso, salto y llego justo.
   También mis pelos se alargaron muchísimo. Y eso está bueno. Porque encontré una forma de desquitarme. Como ellos insisten en bañarme (cosa que no comprendo, si yo sólo camino por la tierra, escarbo, me revuelco en el pasto y me paso el día lengüeteándome los pelos para que me queden lacios y brillosos); digo, como insisten en bañarme, me quedo quieto durante el sacrificio, pero en cuanto terminan, me sacudo el agua frenéticamente y los empapo. Al principio gritaban, pero creo que ya se acostumbraron, porque ahora se ríen.
   JUNIO:  Hoy estuvimos de fiesta. Fue muy extraño. Mis amos estaban observando algo, (un pequeño aparato que tenían en la mano) en un silencio tan absoluto, que yo también me quedé quieto y en silencio, ni la cola movía. De pronto estallaron en gritos, abrazos y besos. Después se percataron de mi presencia y me incorporaron al festejo: me abrazaban, besaban, me hablaban con cariño... Yo aproveché para saltar, ladrar y, sobre todo, pasarles la lengua por la cara. Todavía no sé qué hice para obtener semejante agasajo, pero lo disfruté mucho y aproveché para ganarme un lugar que deseaba desde hace tiempo: acomodarme en el sillón en medio de los dos cuando se sientan frente a la caja que tiene humanos pequeños adentro.
   Él continúa con su costumbre de acariciarme a contrapelo, dejándome como un plumero, pero hoy no me importó.
   DICIEMBRE: Hace mucho que no hablo de mi. Es que ya tengo un año, he crecido muchísimo, ya no corro tanto por la casa y el patio y estoy muy feliz viviendo con estos humanos.
   MARZO (15): ¡Me abandonaron! ¡Se fueron y me dejaron! Ayer a la mañana, muy temprano, él me despertó y casi empujándome, me sacó a la galería, con mi canasto, mi plato y mi bebedero, cerró las puertas y desaparecieron. Me cansé de ladrar, intenté por todos los medios abrir la puerta, como hago siempre, pero fue imposible. Se fueron y me dejaron. Me siento tan decepcionado, que ni siquiera tuve ganas de comer.
   MARZO (17):  ¡Volvieron! ¡Volvieron! ¡Aparecieron hoy! Era tanta mi alegría cuando llegaron que les salté encima, los lengüeteé , ladraba sin parar, que me llevó un rato darme cuenta que habían traido un humano pequeñito. Lo descubrí porque sentí un olor desconocido, era un aroma dulzón y descubrí que provenía de un canasto grande como el mío pero sin techo. Ahí estaba el pequeño que olía tan bien ¡totalmente lampiño! No tiene los pelos de ella, tan parecidos a los míos, ni los pelos desteñidos en la cara de él. No, éste nada.
   Me dejaron acercarme, olerlo, pero apenas pude tocarlo con el hocico. Tampoco me dejaron meterme en su canasto.
   MAYO:  El ritmo de nuestra vida cambió un poco: ahora todo gira en torno al nuevo amito. Dormimos, comemos o jugamos según a él se le antoja.
   SETIEMBRE:  ¡El pequeño humano es sensacional! Compartimos todo el tiempo. Los amos lo colocan en un almohadón en el suelo y me lo dejan a mi cuidado. Jugamos todo el día. Es tan simpático ... ¡Se ríe de todo lo que hago y le encanta que le pase la lengua por la cara! Y cuando se cansa y se duerme, con su cabeza sobre mi panza, me quedo quieto y lo cuido para que nadie lo toque.
   ENERO:  El pequeño es más parecido a mi que los amos. Él también anda en cuatro patas como yo, sólo que mucho más lento, pero me sigue por toda la casa y también por la galería y el patio. Yo me adelanto para mostrarle por dónde tiene que andar y vuelvo a buscarlo. A veces tengo  que empujarlo, porque insiste en meterse en lugares incómodos, pero en general, pasamos el día jugando y riéndonos todo el tiempo. Lo que ocurre es que él, se parece a los de mi manada.