lunes, 14 de abril de 2014

ABRIL

   Me encanta abril. Es un mes maravilloso. Desde su nombre: breve, sólido, musical. Es un nombre sugerente, cantarino, suave como pelusa: abril. Es concreto, del principio al fin. Contenido.

    Me encanta abril. Se distingue por sus días luminosos, plenos, porque su sol lengüetea todas las figuras y las impregna con su brillo tenue para hacerlas cálidas y afectuosas. Las destaca, pero sin oprimirlas como hace enero. Y esa brisa suave que juguetea de a ratos, confundiendo a todos, que se preguntan si eligieron correctamente su vestuario para esos días de templanza - bonanza - caricia.

   Me encanta abril. Es el mes de las flores. Si, el de las flores no convencionales, de las humildes y sencillas, que asoman entre los zócalos, los bordes de las veredas, a lo largo de los senderos  o caminos y también en los jardines bien delineados. Las hay de todos los colores, formas, variedades y nombres y embargan con sus fragancias las motas y los aires, la luz y la piel.

   Me encanta abril. Es el mes de los pájaros. Es el mes en que cada pareja reinicia su ciclo de vida. Atrás quedó el tiempo del nacimiento de los pichones, su alimentación y crianza hasta acompañarlos a iniciar su propio vuelo. Es el mes de recuperar el vigor, con la prodigalidad de semillas maduras y crujientes, doradas y sabrosas de abril; de esponjar las plumas, acicalarlas y fortificarse con este tiempo de paréntesis. Y también es el mes de trabajar en el hogar, despojándolo de todo lo que inutilizó la vida familiar; por eso sus vuelos incesantes buscando las mejores ramitas para arreglar la rotura que provocó la lluvia en el nido, las más brillantes briznas para decorar la entrada y los vellones más blandos para preparar el próximo nido. Es el tiempo de despertar cantando, pasarse noticias, novedades y encuentros y terminar la jornada con un concierto de trinos alabando a su Creador.

   Me encanta abril. Es el mes de los frutos. La naturaleza entera, que se empezó a preparar en los duros días de invierno, que gestó en sus entrañas las semillas e hizo correr su savia en la primavera, que soportó estoicamente los calores abrasadores de enero, creciendo sin cesar, cuando llega abril se prodiga pariendo frutos maduros, jugosos, exquisitos. Esos frutos generosos, que esperamos anhelantes recoger para continuar nuestro ciclo vital.

   Me encanta abril. Pasar la mano por los troncos añosos, rugosos, que se mantienen incólumes y también de los jóvenes tersos que se esfuerzan por emular a los mayores. Observar sus follajes plenos, que van mutando de todos los matices del verde hacia los del oro, cromo, marrón, dorado. Admiro su valentía de desprenderse de todo lo superfluo, regalándonos esos remolinos ocres que se nos atraviesan a nuestros pasos o crujen bajo nuestros pies.

   Me encanta abril. Son los días de la plenitud, de la templanza, la serenidad. Son los días de la fecundidad de la vida.

   TE ALABO, PADRE, PORQUE ME DAS LA POSIBILIDAD DE DISFRUTAR DE ABRIL.

PROSA .    1 - 04 - 14

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